¡Ay, sheñores! Si ustedes creen que ser modelo es fácil, claramente no han vivido una sesión de fotos con mis humanos. Hoy les traigo un detrás de cámaras exclusivo de lo que ocurre cuando a ellos les da el ataque creativo y deciden que es “día de contenido”. Prepárense, porque esto es más drama que una novela.
Todo empieza con la frase temida: “Stormy, ¡vamos a hacer fotos!” Y ahí ya sé que me espera una hora de vestuarios, peinados y poses como una top model de París. Lo primero es la selección de outfit. Mi closet parece boutique: vestidos, camisetas, diademas, gorros, gafas. Mis humanos dicen que soy una diva, y pues... no les voy a quitar la razón.
Luego viene el set. A veces es el sofá, otras el parque, otras la cama bien tendida. Mi papá acomoda todo, ajusta la luz, limpia el fondo. Yo mientras tanto estoy decidiendo si coopero o si hago cara de “no estoy de humor, señores”. Spoiler: casi siempre coopero… pero con actitud.
Empieza la sesión y ahí vienen las frases típicas: “¡Una más!”, “¡No, esa salió movida!”, “¡Ay, mírame!”, “¡Pero sonríe, Stormy!”. Y yo pensando: señora, no moleste tanto. Pero igual hago mi mejor cara porque sé que así terminamos rápido.
A veces me cambian de look a mitad de sesión. Y luego otra vez. Y otra. Entre cada cambio hay premios y ellos revisan mil veces las fotos. Y aunque parezcan exagerados, sé que lo hacen con amor. Que quieren mostrarle al mundo lo linda que soy, lo feliz que estoy, y lo mucho que brillamos juntos (Palabras para que no se sientan mal).
Así que sí, es intenso. Pero también es nuestro momento. Porque entre clics, luces y poses, hay risas, conexión y muchos besitos. Y aunque yo gire los ojos cada vez que dicen “¡última, lo prometo!”, la verdad es que me encanta sentirme estrella.
Consejito de Stormy:
¿Ustedes también hacen sesiones de fotos con sus peluditos? Les prometo que, aunque parezca mucho, es un recuerdo hermoso que vale cada clic.