Así como lo oyen. No somos solo peluches con patas que se conforman con la misma rutina diaria. También nos estresamos, nos aburrimos, y soñamos con aventuras lejos de casa.
Y aquí les explico por qué.
La rutina cansa (incluso a una diva como yo)
Aunque me encanta tener horarios (desayuno a las 7:00, siesta a las 10:00, drama a las 3:00), hacer lo mismo todos los días puede volverse muy aburrido. Ver las mismas calles, oler los mismos árboles, saludar a los mismos vecinos... llega un punto en que se necesitan estímulos nuevos. Un viajecito a la playa, al campo, o al menos un parque diferente puede hacer maravillas.
Explorar activa el cerebro perruno
Cuando vamos a lugares nuevos, nuestro sentido del olfato entra en modo turbo. Cada nuevo aroma es una historia que descifrar. ¡Es como leer un libro de mil páginas solo con la nariz! Además, escuchar sonidos nuevos, caminar por terrenos distintos, ver otros perros... todo eso estimula la mente y nos hace más felices y equilibrados.
Conexión profunda con la manada (o sea, ustedes)
Cuando salimos de viaje con nuestros humanos, pasamos más tiempo juntos. No tienen tantas distracciones, no están corriendo al trabajo o pegados al celular. Nos miramos más, jugamos más, compartimos más. Y esa atención completa nos hace sentir amados, incluidos, parte del equipo. Aunque conmigo se lo toman muy a pecho y eso no me gusta.
Descubrimos cosas que nos encantan
En mi caso, descubrí que amo nadar. No hay nada como lanzarme al agua y mover las patas con toda la emoción del mundo. Otros perros descubren que lo suyo es escarbar en la arena como si buscaran tesoros (aunque sus humanos solo les encuentran arena en la nariz), que el aire frío de la montaña les da energía, o que dormir bajo las estrellas es la mejor siesta del mundo.
El descanso también es salud
Así como ustedes necesitan desconectarse para recargar energías, nosotros también. Un entorno nuevo puede reducir el estrés, mejorar nuestro apetito, ayudarnos a dormir mejor y, sobre todo, mejorar nuestro estado de ánimo. Nos volvemos más alegres, más tranquilos… ¡y con mil anécdotas para ladrarles!
Consejito de Stormy:
Si no puedes llevar a tu perrito de viaje, al menos cambia la rutina de vez en cuando. Llévalo a un parque nuevo, haz una caminata diferente, organiza un picnic canino, o una visita sorpresa a casa de la abuela (donde siempre hay pollo escondido). Todo cuenta.
Recuerden humanos: para nosotros, cada momento contigo ya es especial. Pero si lo hacemos en un lugar nuevo, con aventuras y olores distintos... ¡es simplemente inolvidable!